Antonio Hidalgo Diego

El Estado sustrae una parte cada vez más inasumible de nuestros recursos y nos impone un número creciente de leyes, casi todas ellas innecesarias, absurdas y maliciosas. El Estado español encubrió (y encubre) la muerte de las niñas de Alcácer. ¿Hasta cuándo seguiremos votando en sus elecciones? ¿Hasta cuándo seguiremos confiando en sus instituciones? Probablemente, hasta que dejemos de comportarnos tal y como ordenaron intelectuales tan nefastos como el marqués de Sade, Friedrich Nietzsche y Simone de Beauvoir, los mismos que escribieron la hoja de ruta que, a rajatabla, seguimos como corderos los individuos del aciago siglo XXI. Podemos ser obedientes, y entregar a nuestros niños a modo de sacrificio, o podemos matar al Minotauro.

Esta obra, rigurosa, documentada y valiente, no pretende desvelar los nombres de los violadores, torturadores y asesinos de Desirée, Miriam y Toñi, sino que se presenta como una enmienda a la totalidad del laberíntico mundo que una minoría elitista y degenerada ha construido, un infierno para esclavos cuya misión es la de entregar su humanidad para satisfacer los caprichos de los más poderosos. La toma de conciencia, el cultivo de la virtud personal y la recuperación de la filosofía moral son las armas con las que podemos enfrentarnos al monstruo antropófago, despiadado sin duda, pero con pies de barro. Frente a la voluntad de poder que caracteriza a sádicos, relativistas y feministas, El Minotauro en Alcácer propone el amor, la Verdad y la belleza.  

Primera parte de la entrevista del Submarino Subversivo

Viernes 13 de noviembre de 2020

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